lunes, 9 de septiembre de 2013

Es indiscutible la importancia de realizar y seguir una programación para llevar a cabo el trabajo docente. Sin embargo, esto puede ser visto desde dos perspectivas bien diferenciadas según cual sea, desde el punto de vista del educador, el destinatario o beneficiario de esta programación. En primer lugar, todos tendemos a pensar que el hecho de programar los objetivos, contenidos y criterios de evaluación que vamos a poner en juego, será de gran ayuda para facilitar el aprendizaje de nuestros alumnos. Tanto es así, que el estado, a través de la administración educativa, impone la obligatoriedad y vigila el cumplimiento de nuestras programaciones. Pero es aquí precisamente donde se corre el peligro de olvidar el objetivo principal: facilitar el aprendizaje a nuestros alumnos. De este modo, las programaciones tienden a ser las que terminan gobernando el aula, con mano de hierro por supuesto ya que no conviene, desde esta perspectiva, dejar lugar a la improvisación y que esto sea visto desde la administración como una falta de profesionalidad.

Nuestros pequeños jefes.

Sin embargo, no resulta novedoso decir que, en muchas ocasiones, los aprendizajes que se habían programado al comienzo del curso resultan difíciles de encajar en el momento determinado que entonces habíamos elegido. Es por este motivo, que conviene advertir, por mucho que debamos tener una planificación previa, que los que realmente demandarán y exigirán las actividades diferentes actividades serán nuestros alumnos. Esto, se hace especialmente evidente cuando se trabaja la educación emocional. A la misma vez, la brecha entre la realidad del aula y la exigencia que impone la programación se hará más grande.

Emociones al día.

Uno de los primeras cuestiones que se manifiestan a la hora de trabajar la educación emocional, es la de el establecimiento de los contenidos. A este respecto, podemos diferenciar dos corrientes a la hora de abordar prácticamente el tema en cuestión. La primera, se basa en la igualdad "contenido 1 =  emoción 1". De esta manera, contaríamos con una programación donde trabajaríamos cronológicamente (a modo de ejemplo): La alegría, la tristeza, la ira, el rencor...
La segunda perspectiva, algo más realista, es aquella que establece como primer contenido "el reconocimiento de las emociones". Es aquí, donde la brecha entre nuestra programación y la realidad del aula comenzará a crecer, en tanto en cuanto sigamos siendo presos de la primera perspectiva. Esto, requerirá una programación donde los contenidos no sean lineales, sino más bien cíclicos. 

Para responder a este hecho, me atrevo a soltar en el aire algunas preguntas, esperando que el aire fresco las lleve hasta ti, te inspiren a reflexionar sobre esta cuestión y te animen a participar: ¿Es posible trabajar "la alegría" con un alumno cuando, por ejemplo, acaba de fallecer un familiar? ¿Es viable forzar el reconocimiento de un estado de ánimo, cuando nunca ha sido experimentado? ¿Y tú como has trabajado o trabajarías el reconocimiento de emociones?

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sábado, 7 de septiembre de 2013

     Aún sin haber revisado estudios estadísticos a este respecto, me atrevo a aventurar que muy pocas serán las personas que no hayan realizado esta pregunta varias veces a lo largo de su vida. Profundizando en esta aventura, cabe preguntarse por qué la frecuencia con la que realizamos esta pregunta se ve reducida en un contexto de aprendizaje informal dentro del ámbito familiar y, aún más si cabe, en el ámbito de la relación con nuestros iguales.
     Dicho esto, puede decirse que existen grandes diferencias entre el aprendizaje formal e informal. Y es en este punto cuando acaba la aventura, porque pocos serán los que no admitan la existencia de este tipo de diferencias. Pero centrándonos en esta primera reflexión, tal vez sea conveniente plantearnos una pregunta:

¿Hay que globalizar? ¿O estamos desglobalizando?

     "Valoración y cooperación en situaciones comunicativas orales" - "Maestro, ¿Y esto para qué sirve?"
     "La agricultura. Estudio de algunos cultivos" - "Maestro, ¿Y esto para qué sirve?"
     "Unidades de medida convencionales: Múltiplos y submúltiplos de uso cotidiano." - "Maestro, ¿Y esto para qué sirve?"

     Todos los citados anteriormente, son contenidos del Segundo Ciclo de Educación Primaria. Estos contenidos, han sido establecido establecidos porque se considera (convenientemente) que han de ser adquiridos por nuestros alumnos. Pero sin embargo, lo que conviene poner en duda es la utilidad de esta separación dada la descontextualización que provoca la misma.
     Para finalizar y que reflexionemos un poco, podríamos jugar a imaginar cuantos de los niños que han pasado por nuestras aulas se preguntarían para que sirve todo esto en la siguiente situación:

     "Hola señor frutero. Mamá me ha mandado a que compre 2 Kilos de tomate, pero que estén maduros ¿Eh?"

     Yo, personalmente, apuesto porque la gran mayoría de ellos pondrán en juego todos los conocimientos posibles para resolver esta situación satisfactoriamente. Pero, ¿Y tú? ¿Qué opinas? ¿Hay que globalizar? ¿O estamos desglobalizando?

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     ¡Saludos!

viernes, 6 de septiembre de 2013

     El comienzo de esta nueva aventura merece que comparta con mis lectores los motivos que me mueven a poner en marcha un blog sobre educación. Si bien contar todos los motivos se hace difícil, creo también que las palabras de Josefina Aldecoa (2007) pueden ayudar entender que esto sea precisamente así cuando dice "Una vida la recuerdas a saltos, a golpes. De repente te viene a la memoria un pasaje y se te ilumina la escena del recuerdo".
     Pues bien, en este sentido, son dos las escenas que ahora mismo iluminan mi mente. La primera, tuvo lugar el pasado mes de febrero cuando asistí a una conferencia de José María Toro Alé en la Universidad de Huelva. Faltaban pocos días para comenzar mi primer periodo de prácticas en un colegio de la ciudad cuando dicho acto tuvo lugar. Yo llegaba tarde y al entrar en aquel salón de actos y saludar a algunos compañeros, el comienzo de la conferencia me sorprendió cuando aún no había tomado asiento. Sin más, decidí posarme en la primera butaca vacía que encontré. Junto al pasillo y en primera fila (casualidades del destino... ¡O no!), era el lugar perfecto para que el gran maestro que tenía ante mis ojos me hiciera tomar la palabra y me usara como ejemplo en varias ocasiones. Los sentimientos en aquel lugar se generaron, hicieron que muchos de los aprendizajes que había adquirido hasta ese momento pasaran a un segundo lugar y que el resto de ellos comenzaran a tomar una nueva forma y unirse en torno a un nuevo lugar, el co-razón.
     La segunda escena tiene lugar el último día de mis prácticas en el colegio, junto a los niños y niñas de Sexto de Primaria que se despedían de mí con regalos, cartas y fotografías con las que me agradecían la experiencia que habíamos vivido durante aquellos tres cortos meses. No es casualidad, por tanto, que sean precisamente estas dos escenas las observo ahora con más claridad ya que son el comienzo y el final de una misma experiencia.
     Entre estas dos escenas, unos niños y niñas que aprendieron a valorarse más a sí mismo, que la opinión de los niños SÍ importa y que con sus ideas son capaces de cambiar el mundo. El resultado final fue la realización de una campaña de sensibilización escolar para fomentar el uso de la bicicleta, a través del vídeo que os dejo a continuación y la participación en el concurso "Tu ciudad a golpe de pedal" organizando por la Junta de Andalucía, el cual provocó que la Delegación de Fomento y la Delegación de Educación reconocieran nuestra labor, otorgando el primer premio a una de las alumnas y un premio especial extraordinario al centro por su implicación en la campaña.

 Enlace al vídeo: